Parroquia Santa Inés

Desde la Fe hacia el plan pastoral

PLAZANAVONA01La Plaza Navona, extraordinario conjunto urbanístico de la roma barroca, tiene forma y dimensiones que derivan de la antigua arena del Estadio de Domiciano (81-96 d.C).
Hasta los últimos tiempos del imperio la estructura debió conservarse inalterada, a tal punto que el emperador Costanzo II (350 d.C.) pudo admirarla en perfecto estado de conservación y depredarla luego transportando sus mármoles a Constantinopla. Considerando uno de los edificios más importantes de su tiempo, es probable que se continuase usando para certámenes atléticos hasta principios del siglo V.

En los caseríos recabados en los restos del Estadio surgieron las pequeñas iglesias dedicadas a Santa Inés y a Santa Catalina.

De los oratorios fundados entre las bóvedas del Estadio, el de Santa Inés era el mayor.

Ya desde principios del V siglo, el poeta cristiano Prudencio narra de una santa jovencita, Inés, que durante la persecución precedente a la de Diocleciano –probablemente de Decio (250-51 d.C.) o de Valeriano (258-60 d.C.) – fue arrastrada bajo las bóvedas y desnudada para ser ultrajada, mas se salvó de las insidias de sus perseguidores y cubierta por una larga cabellera crecida milagrosamente. El área venerada por la tradición como lugar del Martirio ha sido identificada con la arcada del Estadio Agonal convertida luego en un pequeño santuario en honor de la Santa, meta de peregrinaje.

El oratorio, en el año 1123, fue ampliado por obra del Papa Calixto II y transformado en una pequeña basílica, que permaneció probablemente en el mismo estado en que la retrató Pompeo Ugonio en el año 1575, del cual han llegado a nosotros un dibujo y una descripción suficientemente detallada.

La iglesia tenía la fachada y la entrada principal hacia la actual vía dell'Anima. En la quinta arcada, donde la leyenda individuaba el lugar del milagro, se conservaba el antiguo oratorio, núcleo primitivo. El término Agone, quedo como denominación del sitio. Las iglesias recabadas entre las paredes laterales y la repartición interior de los espacios del antiguo monumento, son recordadas en los documentos de los notarios de la Edad Media con la denominación de Cripta en Agone.

A mitades del cuatrocientos, una parte de la familia Pamphilj se había trasladado a Roma desde Gubbio y había adquirido una pequeña residencia en via dell'Anima. Sucesivamente habían sido adquiridas unas construcciones vecinas, formando un único bloque edificado que se extendía hasta la fachada de Piazza Navona. Giovanni Battista Pamphilj, nombrando cardenal en 1634, amplió su casa de manera notable construyendo un representativo palacio cardenalicio. Cuando el cardenal Pamphilj fue elegido Papa con el nombre de Inocencio X (15 de septiembre de 1644) comenzó una nueva fase proyectual, asignada a Girolamo Rainaldi y a Francesco Borromini.

En 1648, en proximidad del año Santo de 1650, Inocencio X erigió al centro de la plaza un obelisco egipcio realizando a su entorno una fuente diseñada por Gian Lorenzo Bernini. La consistencia de las construcciones de la familia Pamphilj, que
abarcan ya todo el entorno de la plaza, junto a las referencias simbólicas del obelisco y de la fuente, le atribuían a la plaza el rol emblemático de la importancia de Inocencio X y de su familia, tanto como para considerar piazza Navona el “foro de los Pamphilj”.

En 1650 aumenta el interés por Santa Inés cuando, en ocasión de la pascua de Resurrección, se dispone frente a los modestos muros de la vieja iglesia un gran altar que debía contener el Santísimo. El arquitecto de la decoración celebrativa de la fachada eclesial en aquella ocasión había sido Carlo Rainaldi. Desde ese momento se volvió una tradición que la familia Pamphilj organizara las festividades en ocasión de la fiesta de Santa Inés, a finales del mes de enero.

La antigua capilla ejercía efecto sobre la población del Seiscientos, no tanto por la presencia de las reliquias, cuanto por la presencia de las capillas subterráneas, que tenían ellas mismas valor de reliquia. Los tesoros de la iglesia se habían perdido durante el saqueo de Roma. La iglesia de Santa Inés no era lugar de culto sólo por los milagros hechos por la Santa,
sino también por el nexo con Francesca Romana, el cuerpo de la cual había sido encontrado en 1638 y luego sepultado en la iglesia de S. María Nuova en 1649. En Santa Inés se conservaba la fuente bautismal donde en el año 1384 había sido bautizada Santa Francesca Romana, nacida y vivida en la cercanías de esta parroquia.

La comisión de los Pamphilj.

Inocencio X, pensando en una nueva construcción para Santa Inés, el 23 de Noviembre de 1651 le comisionó el levantamiento de la iglesia existente al arquitecto Giovanni Battista Mola y el 17 de Agosto de 1652 los Padres Caracciolini (Clérigos Regulares Menores) fueron “invitados” por el Papa a abandonar el lugar y trasladarse a la iglesia de S. Lorenzo in Lucina.

El encargo al Rainaldi.
El arquitecto papal Girolamo Rainaldi estaba aún trabajando en el palacio Pamphilj cuando le fue asignada la dirección de obra de la nueva Santa Inés, cual capilla gentilicia en la cual Inocencio X quería ser sepultado.

Después de haber adquirido el palacio Mellini (el 12 de Agosto de 1652) se iniciaron las obras de Santa Inés con la colocación de la primera piedra en la plaza de Via dell´Anima, el 15 de Agosto de 1652. El día 3 de Septiembre iniciaron las obras de demolición de la vieja Rainaldi, que dirigió
los trabajos de construcción junto a su hijo Carlo, diseñó un edificio de planta central en forma de cruz griega, con cúpula sin tambor, precedida por un vestíbulo y grandes nichos en los pilares colocados en el cruce de los brazos; la fachada rectilínea, con dos torres laterales, debía conectarse a la plaza a través de una amplia escalera. En Junio de 1653 el Papa, a raíz de severas y continuas críticas sobre el proyecto, sobre todo por el estorbo de la escalinata, le quitó el encargo a Rainaldi y al sobrino Camillo Pamphilj.

El encargo asignado a Borromini.

En el mes de Agosto de 1653, después de insistentes presiones, Rainaldi fue substituído por Francesco Borromini, mientras que la parte administrativa fue asignada al tesorero Monseñor Franzoni.

Desde el mes de Agosto de 1563 hasta Diciembre de 1654, las obras prosiguieron rápidamente pero pronto sufrieron retardos por la muerte del Pontífice (el 7 de Enero de 1655), que le había confiado a su sobrino Camillo Pamphilj la tarea de completar la construcción de la iglesia. Alessando VII, sucesor de Inocencio X, constituyó una comisión bajo el mando del cardenal Imperiali, con el objetivo de indagar sobre eventuales errores de Borromini. La comisión, formada por Domenico Castelli, Martino Longhi, Giovanni Battista Mola, Camillo Arcucci, Francesco Contini y Antonio del Grande, estiló un uniforme en el cual se  indicaban las disposiciones que se tenían que considerar.

Las relaciones con Borromini se volvieron siempre más complicadas. Fue acusado de abandono de la obra y en el mes de Febrero de 1657, antes de ser despedido, él mismo entregó las dimisiones.

Carlo Rainaldi fue llamado a completar las obras obviamente modificó el proyecto borrominiano.
Redujo la altura de la linterna rodeándola de ocho columnas en vez de dieciséis y eliminó toda la fantasía borrominiana de los dos campanarios, de los cuales ha quedado solamente algún dibujo.

La intervención de Bernini.

Después de la muerte de Camilo, acaecida en 1666, la dirección de obras pasó en manos de la Viuda, Doña Olimpia, que quiso incluir también a Bernini en la comisión (se le atribuye el diseño de la cornisa interior, los estucos, las arcadas, el friso y las bóvedas).

Santa Inés mientras que el 1° de Octubre los Clérigos Menores entregaban oficialmente la piedra de la fuente bautismal de Santa Francesca Romana.

AGONE01Sant'Agnese in Agone, en Piazza Navona.

La fachada.

La fachada borrominiana, dividida en tres partes con al centro el portal flanqueado por columnas corintias sobre las que se apoya un frontón triangular, fue encajada entre dos palacios (a la izquierda el Palazzo Pamphilj y a la derecha el Collegio Innocenziano) y se desarrolló horizontalmente entre dos camparios de planta oval, de varios niveles, sostenidos en los ángulos por columnas binadas sobre los que corre una trabeación con vasos flamantes y con cobertura en cono reducido a la base.

El tambor de la cúpula se elevó proyectado hacia adelante, hacia la balaustrada, y presenta, como manchones, ocho pilastras binadas encajadas con capiteles corintios.
La realización definitiva anuló parcialmente el efecto buscado por el proyecto borrominiano; la sobre posición de dos órdenes convexos en los campanarios – por manos de Baratta y de Antonio del Grande – interrumpió la regla de alternarse de líneas cóncavas y convexas.

La iglesia fue consagrada solemnemente el 17 de Enero de 1672, incompleta de las decoraciones. Desde entonces se mantuvo propiedad de la Familia Pamphilj hasta que fue cedida al Vicariado en 1992. El enrejado de hierro colocado en el borde exterior de la escalinata de la Plaza Navona fue realizado por Giovan Battista Celsi en 1851, por encargo del Papa Pio IX.

Modificaciones del siglo XIX.

Entre 1852 y 1853 se retomaron las obras en el interior de la iglesia. Para darle mayor decoro se realizó en 1859 una Capilla Subterránea. Según dibujo de Andrea Busiri Vice, se realizaron ocho grandes ventanales de hierro; las cornisas de los campanarios fueron protegidas con cubiertas de plomo; los asientos del coro fueron reducidos y se renovaron los marcos metálicos de la linterna de la cúpula.

La cripta.

Se accede a la cripta desde la capilla de Santa Inés a través de la escalera localizada detrás del pilar izquierdo del altar de

Según la tradición, se trata del lugar del Martirio donde la joven, expuesta para ser ultrajada, cumplió, con una oración de intercesión, el milagro de revivir al joven que había caído muerto al intentar ultrajarla. Por eso Santa Inés fue venerada por los fieles en su lugar de Martirio por toda la Edad Media.

La cripta se artícula en tres ambientes recabados de las aulas del estadio de Domiziano. Borromini, al ser encargado de la dirección de obras, después de las necesarias averiguaciones, se ocupó de un primer saneamiento de las estructuras afectadas por la humedad, problema que persiste en la actualidad. En la terminación de las escaleras, en la pared en frente al acceso coronado por una moldura en estuco, hay un fresco del 600 que representa Santa Inés sostenida por el ángel, con el texto de la Passio de la Mártir transcrito en la parte inferior.

Sobre el altar de mármol, en una cornisa en forma de tabernáculo con dos ángeles en oración en la base, hay un alto-relieve que representa a Santa Inés conducida al Martirio, obra de Giovanni Buratti (1661-1663). 
Para coronar el tímpano hay otros dos ángeles adorados.
Muchos autores atribuyeron esta obra al Algardi hasta tiempos recientes, pero solamente su concepción y diseño puede referirse al Maestro.

El altar absidal.

La construcción del altar existente, inició en 1720 según proyecto de Carlo Rainaldi, retomado por Ciro Ferri, con substitución de un altar en estuco realizado por Mattia De Rossi (1637-1695) en colaboración con el cuñado Filippo Carcani. En 1724 realizaba algunos ángeles.

El alzado del altar se artícula sobre cuatro columnas estriadas de mármol verde antiguo procedentes del arco de Marco Aurelio en el Corso; las columnas, apoyadas encima de un alto basamento que se desarrolla de forma convexa, están coronados por capitales compuestos de mármol revestido con hojuela de oro, que sostienen al arquitrabe de modulación curvilínea.

El tímpano superior está partido al centro sobrepuesto por ángeles de estuco, realizados por Antonio Della Bitta (1807-1873) y colocados en 1856, que acompañan a la paloma con la palma símbolo del Martirio.
En el centro, los rayos de bronce del Espíritu Santo bajan flanqueados por tres ángeles que sostienen la inscripción de las palabras del Evangelio “entre los nacidos de mujer no hay ser más grande que Juan”, frase que se
relaciona también con Giovanni Battista Pamphilj que quiso que el altar fuera dedicado al Santo del cual llevaba su nombre.

El retablo.

Inicialmente el altar debía ser dedicado a Santa Inés; el encargo para el retablo absidal le había sido dado a Alessandro Algardi que hizo dibujos y modelos de la obra, en la cual debía representarse el Milagro de Santa Inés que resucita con la oración a Procopio muerto por manos del diablo. A raíz de la muerte del artista (el 10 de Junio de 1654), Ercole Ferrata y Domenico Guidi, fueron encargados de realizar el modelo grande en estuco “en conformidad” con el que había preparado Algardi.

Cuando se estableció el cambio de programa decorativo en el interior de la iglesia y los comitentes decidieron consagrarle a la Mártir la capilla del lado norte, el relieve fue donado al Oratorio dei Filippini.

Los altares.

La planta en cruz griega propone al centro de la iglesia un octágono que presenta los ejes principales del acceso, del ábside y de dos capillas laterales.
En los vértices del octágono están puestas las ocho columnas de mármol Cottanello rojo, que funcionan como pilares del tambor de la cúpula. En los cuatro lados diagonales respecto a los ejes, entre cada pareja de columnas, se abren cuatro nichos en cada uno de los cuales está colocado un altar con frontal, compuesto de mármoles preciosos y con retablo de mármol esculpido en alto-relieve. Los cascarones sobrepuestos a los retablos son de alto-relieves de estuco, conforme al proyecto decorativo en el que tomó parte Alessandro Algardi.

El escultor no pudo terminar la obra a causa de su muerte, acaecida en 1654; después de él, dos de sus discípulos fueron encargados de proseguir la decoración escultórica: Ercole Ferrata y Domenico Guidi. En cada uno de los cascarones superiores de los cuatro nichos, los relieves representan ángeles y ángelitos con atributos de los santos que aparecen en los correspondientes retablos.

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(Cráneo de Santa Inés en Agone)